A Nuestra Señora " Pitufa" la Desatarisas de Saavedraa:
Son ese "gasto improductivo" y las esperanzas que pone cada organizador, cuando comprando los preparativos busca en la diversión ajena la satisfacción propia. Preparativos y realizaciones de estos, eventos de girnaldas y musica brotante, masculino , o femenino, las fiestas.
Me tocó estar invitado a una fiesta a la que no pude ir, y que no salió como la anfitriona había imaginado. Entendiendo la decepción de no poder recibir a los invitados esperados,del modo esperado, y contemplando las consecuencias, ni siquiera le quedó lugar para el disfrute personal.
Fiestas que fallan y amigos que no cumplen. Suma de razones que hacen a la depresión generalizada.
Por lo pronto y hablando de fiestas el primer poema publicado por Pablo Neruda:
"La Canción de la fiesta... Octubre,
premio
de la Primavera:
un Pierrot de voz ancha que desata
mi poesía sobre la locura
y yo, delgado filo
de espada negra entre jazmín y máscaras
andando aún ceñudamente solo,
cortando multitud con la melancolía
del viento Sur, bajo los cascabeles
y el desarrollo de las serpentinas".
A pitu que quiero.
lunes, 6 de agosto de 2007
martes, 24 de julio de 2007
¿Sudamérica o Sub-América ? (¿Parte I?)
El joven que nos debemos, el joven que debería, el joven existente
(puesto que creo en él).
El joven leía un libro apaciblemente hasta que tuvo que interrumpir su relato por el aterrizaje del avión. “Abróchense los cinturones, dejen lo que hacían, sientan nauseas”. En fin, el planeador se detuvo posándose con toda naturalidad en el pasto gris, el muchacho se levanta y a la orden desciende del aire. Entra dentro de un especie de colectivo que lo traslada desde las pistas de aterrizaje hasta el edificio central del aeropuerto. Barajas, Madrid. En realidad aún esta en el ‘no lugar’, esperando demostrar su legalidad para entrar en el mundo nuevamente y encontrarse con sus tíos, pero la cola es larga y lenta, hay algunos disturbios, retoma la lectura. Antes y durante las líneas de ese libro, advierte los carteles que encabezan las filas que deberá elegir para posicionarse. “Miembros de la UE (Unión Europea)”; “Resto de las nacionalidades”.
¿RESTO? Ese insulto nos relega a todos nosotros a ser no más que lo que sobra, lo que es ilegitimo, las migas que uno prefiere tirar al suelo antes de que permanezcan incomodando el paisaje maravilloso de nuestro escenario de acción; porque, después de todo, estando tan abajo tal vez algún perro las mastique, o las pisaremos y luego las llevaremos a otro infierno mejor. Nos rotula de insignificantes, de infames.
________________ __________________
Los Estados Unidos, esa poderosa sociedad industrial en expansión, vive una etapa de ávido imperialismo y como ha confesado un senador yanqui, " la Tierra del Fuego es el único limite que reconoce la ambición de nuestra raza". Como pudiera hacerlo cualquiera, al ahondar en la historia yanqui, el joven argentino se entera de la incesante expansión norteamericana, de la compra de Luisiana, la ocupación de Florida, el robo de la mayor parte del territorio mejicano, las incesantes guerras en oriente, actualmente Irak, la aberrante y nefasta forma de avanzar a tumbos, destruyendo naciones, principios, ecosistemas, todo en pos de la riqueza económica, eliminando la riqueza cultural, intelectual, social, política y otras, de los lugares sobre los que avanza matando. ¿Como no surgió una protesta en toda América Latina?- y el joven se pregunta-. ¿Se concilia acaso con la plena autonomía de nuestros países (aunque de molde, o de forma) la existencia en Washington de una oficina de republicas hispanoamericanas que tiene la organización de un ministerio de colonias? “
Basta un poco de memoria para convencerse de que su política tiende a hacer de la América Latina una dependencia y extender su dominación en zonas graduadas que se van ensanchando, primero con la fuerza comercial, después con la política y por ultimo con las armas. Nadie ha olvidado que el territorio mejicano de Texas pasó a poder de los Estados Unidos después de una guerra injusta… hay que desechar toda hipótesis de lucha armada. La conquistas modernas difieren de las antiguas en que solo se sancionan por medio de las armas cuando ya están realizadas económica y políticamente. Toda usurpación material viene precedida y preparada por un largo periodo de infiltración o hegemonía industrial capitalista y de costumbres, que roe la armadura nacional, al propio tiempo que aumenta el prestigio del futuro invasor. Por eso, al hablar del peligro yanqui, no debemos imaginarnos una agresión inmediata y brutal que seria hoy por hoy imposible, sino un trabajo paulatino de invasión comercial y moral que se iría acreciendo con las conquistas sucesivas… Los que han viajado por la América del Norte saben que en Nueva York se habla abiertamente de unificar la América bajo la bandera de Washington. El partido que gobierna se ha hecho una plataforma de ‘imperialismo’… Los asuntos públicos están en manos de una aristocracia del dinero formada por grandes especuladores que organizan trust y exigen nuevas comarcas donde extender su actividad. De ahí el deseo de expansión…Por eso, no hay probabilidad de que tal política cambie o tal partido sea suplantado por otro, porque a fuerza de dominar y triunfar se ha arraigado en el país esa manera de ver hasta el punto de darle su fisonomía y convertirse en bandera… Según ellos es un crimen que nuestras riquezas permanezcan inexploradas a causa de la pereza que nos suponen… Se atribuyen cierto derecho fraternal de protección que disimula la conquista.
Se traslada el joven mentalmente a Méjico y esta experiencia en la tierra azteca le otorga mayor claridad a su conciencia sobre el problema. Si allá (más al norte) había advertido la ostensible actitud prepotente, pletorita de fuerza en expansión, aquí observa la otra cara: la mayor injusticia social, las compañías foráneas desbordando las leyes, el resentimiento y la hostilidad callada del pueblo contra “el gringo” que lo expolia. Del contraste entre ambos países -o entre ambos “continentes”, el de los Estados Unidos y el de América Latina ,en realidad- obtiene el joven claras conclusiones. Mientras en el norte, las trece ex colonias inglesas se unificaron, desarrollaron sus industrias y se expandieron constituyendo una nación pujante y prospera y al punto poderosa que ha devenido en imperialista, al sur del río bravo las colonias españolas se desmembraron en veinte países, la mayoría de los cuales no desarrollaron sus potencialidades y están todas, sojuzgadas o en camino de serlo. Imperialismo y prepotencia en el norte, subordinación y debilidad en el sur. Unificación, industrialización y progreso en el norte, desmembramiento, miseria y atraso en el sur. Así piensa el joven mientras viaja de regreso al hoy y ahora, real y material. Y su juventud entusiasta medía la magnitud de la obra a que parecían predestinadas las nuevas generaciones: trabajar a favor de un continente moralmente unido hasta rehacer, por lo menos diplomáticamente, el conjunto homogéneo que soñaron los iniciadores de la independencia, reconquistar con ayuda de la unión, el respeto y la seguridad de nuestros territorios y hacer a cada republica mas fuerte y mas próspera dentro de una coordinación superior, garantía suprema de las autonomías regionales.
Algo de esto pensaba y leía el joven, que lejos de su país y continente, sentía con extraño fervor de lejanía, el deseo de una justicia sólida. Vaya enredo, tan lejos y tan fuera.
_________________________ ____________________________
-Texto escrito genuinamente por Manuel Ugarte.
-Arreglos armónicos, reestructuración literaria, re redacción del mismo y sumatoria de ideas, por Hernán “ostia que no” Novara.
Expreso mi intención de que esto sea leído por aquellos con los que intentamos darle cuerpo a nuestra insatisfacción general, es decir, ocho y frodo para empezar.
(puesto que creo en él).
El joven leía un libro apaciblemente hasta que tuvo que interrumpir su relato por el aterrizaje del avión. “Abróchense los cinturones, dejen lo que hacían, sientan nauseas”. En fin, el planeador se detuvo posándose con toda naturalidad en el pasto gris, el muchacho se levanta y a la orden desciende del aire. Entra dentro de un especie de colectivo que lo traslada desde las pistas de aterrizaje hasta el edificio central del aeropuerto. Barajas, Madrid. En realidad aún esta en el ‘no lugar’, esperando demostrar su legalidad para entrar en el mundo nuevamente y encontrarse con sus tíos, pero la cola es larga y lenta, hay algunos disturbios, retoma la lectura. Antes y durante las líneas de ese libro, advierte los carteles que encabezan las filas que deberá elegir para posicionarse. “Miembros de la UE (Unión Europea)”; “Resto de las nacionalidades”.
¿RESTO? Ese insulto nos relega a todos nosotros a ser no más que lo que sobra, lo que es ilegitimo, las migas que uno prefiere tirar al suelo antes de que permanezcan incomodando el paisaje maravilloso de nuestro escenario de acción; porque, después de todo, estando tan abajo tal vez algún perro las mastique, o las pisaremos y luego las llevaremos a otro infierno mejor. Nos rotula de insignificantes, de infames.
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Los Estados Unidos, esa poderosa sociedad industrial en expansión, vive una etapa de ávido imperialismo y como ha confesado un senador yanqui, " la Tierra del Fuego es el único limite que reconoce la ambición de nuestra raza". Como pudiera hacerlo cualquiera, al ahondar en la historia yanqui, el joven argentino se entera de la incesante expansión norteamericana, de la compra de Luisiana, la ocupación de Florida, el robo de la mayor parte del territorio mejicano, las incesantes guerras en oriente, actualmente Irak, la aberrante y nefasta forma de avanzar a tumbos, destruyendo naciones, principios, ecosistemas, todo en pos de la riqueza económica, eliminando la riqueza cultural, intelectual, social, política y otras, de los lugares sobre los que avanza matando. ¿Como no surgió una protesta en toda América Latina?- y el joven se pregunta-. ¿Se concilia acaso con la plena autonomía de nuestros países (aunque de molde, o de forma) la existencia en Washington de una oficina de republicas hispanoamericanas que tiene la organización de un ministerio de colonias? “
Basta un poco de memoria para convencerse de que su política tiende a hacer de la América Latina una dependencia y extender su dominación en zonas graduadas que se van ensanchando, primero con la fuerza comercial, después con la política y por ultimo con las armas. Nadie ha olvidado que el territorio mejicano de Texas pasó a poder de los Estados Unidos después de una guerra injusta… hay que desechar toda hipótesis de lucha armada. La conquistas modernas difieren de las antiguas en que solo se sancionan por medio de las armas cuando ya están realizadas económica y políticamente. Toda usurpación material viene precedida y preparada por un largo periodo de infiltración o hegemonía industrial capitalista y de costumbres, que roe la armadura nacional, al propio tiempo que aumenta el prestigio del futuro invasor. Por eso, al hablar del peligro yanqui, no debemos imaginarnos una agresión inmediata y brutal que seria hoy por hoy imposible, sino un trabajo paulatino de invasión comercial y moral que se iría acreciendo con las conquistas sucesivas… Los que han viajado por la América del Norte saben que en Nueva York se habla abiertamente de unificar la América bajo la bandera de Washington. El partido que gobierna se ha hecho una plataforma de ‘imperialismo’… Los asuntos públicos están en manos de una aristocracia del dinero formada por grandes especuladores que organizan trust y exigen nuevas comarcas donde extender su actividad. De ahí el deseo de expansión…Por eso, no hay probabilidad de que tal política cambie o tal partido sea suplantado por otro, porque a fuerza de dominar y triunfar se ha arraigado en el país esa manera de ver hasta el punto de darle su fisonomía y convertirse en bandera… Según ellos es un crimen que nuestras riquezas permanezcan inexploradas a causa de la pereza que nos suponen… Se atribuyen cierto derecho fraternal de protección que disimula la conquista.
Se traslada el joven mentalmente a Méjico y esta experiencia en la tierra azteca le otorga mayor claridad a su conciencia sobre el problema. Si allá (más al norte) había advertido la ostensible actitud prepotente, pletorita de fuerza en expansión, aquí observa la otra cara: la mayor injusticia social, las compañías foráneas desbordando las leyes, el resentimiento y la hostilidad callada del pueblo contra “el gringo” que lo expolia. Del contraste entre ambos países -o entre ambos “continentes”, el de los Estados Unidos y el de América Latina ,en realidad- obtiene el joven claras conclusiones. Mientras en el norte, las trece ex colonias inglesas se unificaron, desarrollaron sus industrias y se expandieron constituyendo una nación pujante y prospera y al punto poderosa que ha devenido en imperialista, al sur del río bravo las colonias españolas se desmembraron en veinte países, la mayoría de los cuales no desarrollaron sus potencialidades y están todas, sojuzgadas o en camino de serlo. Imperialismo y prepotencia en el norte, subordinación y debilidad en el sur. Unificación, industrialización y progreso en el norte, desmembramiento, miseria y atraso en el sur. Así piensa el joven mientras viaja de regreso al hoy y ahora, real y material. Y su juventud entusiasta medía la magnitud de la obra a que parecían predestinadas las nuevas generaciones: trabajar a favor de un continente moralmente unido hasta rehacer, por lo menos diplomáticamente, el conjunto homogéneo que soñaron los iniciadores de la independencia, reconquistar con ayuda de la unión, el respeto y la seguridad de nuestros territorios y hacer a cada republica mas fuerte y mas próspera dentro de una coordinación superior, garantía suprema de las autonomías regionales.
Algo de esto pensaba y leía el joven, que lejos de su país y continente, sentía con extraño fervor de lejanía, el deseo de una justicia sólida. Vaya enredo, tan lejos y tan fuera.
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-Texto escrito genuinamente por Manuel Ugarte.
-Arreglos armónicos, reestructuración literaria, re redacción del mismo y sumatoria de ideas, por Hernán “ostia que no” Novara.
Expreso mi intención de que esto sea leído por aquellos con los que intentamos darle cuerpo a nuestra insatisfacción general, es decir, ocho y frodo para empezar.
lunes, 9 de julio de 2007
La patria lejos.
Tucumán, en la mitad del invierno. Desde la ciudad hacia el valle del Tafí se atraviesa la zona selvática y montañosa de las Yungas, donde operó la guerrilla del Ejercito Revolucionario del Pueblo en los setenta. Hoy, el camino costea algunos pueblos, establecimientos rurales, ranchos, caseríos y escuelas plantadas, como insignias, en el medio del monte.
La vegetación se cierra sobre el camino, tejiendo un túnel compacto, húmedo y verde. Un grupo de chicos corre hacia su escuela para celebrar la fiesta patria; algunos van disfrazados como granaderos y soldados de la independencia; uno, vestido de negro, lleva en la mano una galera de cartón; otro hace restallar un látigo. Son actores de una pequeña representación patriótica, vestidos esforzadamente para evocar las primeras décadas del siglo XIX. Quizás esos chicos, que viven a unas decenas de kilómetros de la casa donde se juró la declaración de la independencia, no la han visitado todavía; probablemente solo lleguen a la ciudad cuando abandonen la escuela y salgan a buscar trabajo.
¿Donde esta la igualdad de oportunidades para un chico de una escuela rural en el monte tucumano? En los disfraces de soldados de la independencia, en la galera de cartón, la escuela se esfuerza por ofrecer una presencia igualadora. Imagino una maestra o un maestro preparando esos disfraces y enseñándoles a sus alumnos algunos parlamentos de memoria, palabras patrióticas. Pero ¿que es la patria para esos chicos?
Sus padres son campesinos paupérrimos, dependen del caudillo que reparte planes sociales como si fueran suyos, cultivan lotes minúsculos, confían en que pase el acopiador para vender lo que llegan a cosechar y para comprar algo de almacén; no comen nunca pan de panadería, que viene a ser un especie de regalo principesco en el campo; cuando están enfermos llaman a la ambulancia por radio y esperan. Las escuelas parecen barquitos blancos en los cerros. A veces llegan donaciones a lomo de mula para alcanzar a las más lejanas. ¿Eso será la patria?
Los chicos disfrazados corren hacia la escuela y se oye una campana. La escena podría parecer un idilio patriótico y, sin embargo, produce más consternación que entusiasmo. Esos chicos no son iguales a otros: comen peor, sus padres tienen peores condiciones de trabajo, permanecerán en la escuela unos pocos años hasta que puedan servir en el mercado. La desigualdad es la forma misma de su destino y, en consecuencia, la patria es un espacio mayormente desconocido donde ellos se amontonan en un rincón, un maravilloso paisaje, atravesado por la miseria y la precariedad, un paisaje exuberante donde no sobra nada para ellos, que son sus ocupantes miserables.
Muchas escuelas argentinas reciben donaciones: zapatillas, comida, cuadernos o lápices que ni los padres de los alumnos pueden comprar ni el estado les ofrece. Las donaciones podrían ser entonces una forma de patria: la solidaridad de los particulares que se organizan para enviar cargamentos allí donde los gobiernos no los envían. Sin embargo, esto nos obliga a pensar en una rara especie de patria que no se apoya en instituciones ni en gobiernos. Una comunidad sostenida, o casi, en los buenos sentimientos solidarios, no en el ejercicio universal de los derechos.
Cuando las provincias que todavía no eran una republica firmaron el acta de la independencia en Tucumán en 1816, lo hicieron porque la idea de patria (un símbolo) debía soldarse a la idea de Estado, derechos, instituciones, gobierno. Han pasado casi doscientos años y (mientras en el Palacio Municipal hay un letrero luminoso que anuncia en forma de cuenta regresiva, convocando a la expectación y sumando una cuota de propaganda oficial, cuanto falta para el bicentenario de la revolución de mayo), para millones, ha dejado de existir una patria, es decir un espacio común donde puedan ejercerse los mismos derechos y tener las mismas oportunidades. Los chicos que corren hacia la escuela en los montes tucumanos son menos argentinos que otros chicos que, ese mismo día, asisten a sus fiestitas del 9 de julio en otros lugares del país. Y el país y la patria no están solo en las tradiciones y las costumbres de saber como se vestían esos señores en la época colonial, ni en la obligación moral de saber que esa patria existe y llega hasta tantos lados y supuestamente a uno lo abarca.
Sin igualdad de oportunidades no hay patria. Es así inútil la idea de pertenencia a un espacio. La idea del patriotismo esta envenenada por la desigualdad. La patria es una promesa tanto como un común compromiso. Nada puede atar a un ser humano al lugar donde su vida no vale tanto como la vida de otros.
En realidad, “disfraz” es la palabra adecuada: ese día los chicos de la escuela de los Yungas hicieron lo que otros, pero su pasado y su presente se revela debajo de los disfraces como una carga que los vuelve, probablemente para siempre, desiguales. Para estos chicos, patria quiere decir lejanía.
¿Y para los otros chicos, es decir, casi nosotros mismos? Que tenemos el azaroso buen pasar de recibir mejor educación, de vivir en mejores condiciones, de poder pensar y movilizar. ¿Que es/hacemos patria para nosotros?
La vegetación se cierra sobre el camino, tejiendo un túnel compacto, húmedo y verde. Un grupo de chicos corre hacia su escuela para celebrar la fiesta patria; algunos van disfrazados como granaderos y soldados de la independencia; uno, vestido de negro, lleva en la mano una galera de cartón; otro hace restallar un látigo. Son actores de una pequeña representación patriótica, vestidos esforzadamente para evocar las primeras décadas del siglo XIX. Quizás esos chicos, que viven a unas decenas de kilómetros de la casa donde se juró la declaración de la independencia, no la han visitado todavía; probablemente solo lleguen a la ciudad cuando abandonen la escuela y salgan a buscar trabajo.
¿Donde esta la igualdad de oportunidades para un chico de una escuela rural en el monte tucumano? En los disfraces de soldados de la independencia, en la galera de cartón, la escuela se esfuerza por ofrecer una presencia igualadora. Imagino una maestra o un maestro preparando esos disfraces y enseñándoles a sus alumnos algunos parlamentos de memoria, palabras patrióticas. Pero ¿que es la patria para esos chicos?
Sus padres son campesinos paupérrimos, dependen del caudillo que reparte planes sociales como si fueran suyos, cultivan lotes minúsculos, confían en que pase el acopiador para vender lo que llegan a cosechar y para comprar algo de almacén; no comen nunca pan de panadería, que viene a ser un especie de regalo principesco en el campo; cuando están enfermos llaman a la ambulancia por radio y esperan. Las escuelas parecen barquitos blancos en los cerros. A veces llegan donaciones a lomo de mula para alcanzar a las más lejanas. ¿Eso será la patria?
Los chicos disfrazados corren hacia la escuela y se oye una campana. La escena podría parecer un idilio patriótico y, sin embargo, produce más consternación que entusiasmo. Esos chicos no son iguales a otros: comen peor, sus padres tienen peores condiciones de trabajo, permanecerán en la escuela unos pocos años hasta que puedan servir en el mercado. La desigualdad es la forma misma de su destino y, en consecuencia, la patria es un espacio mayormente desconocido donde ellos se amontonan en un rincón, un maravilloso paisaje, atravesado por la miseria y la precariedad, un paisaje exuberante donde no sobra nada para ellos, que son sus ocupantes miserables.
Muchas escuelas argentinas reciben donaciones: zapatillas, comida, cuadernos o lápices que ni los padres de los alumnos pueden comprar ni el estado les ofrece. Las donaciones podrían ser entonces una forma de patria: la solidaridad de los particulares que se organizan para enviar cargamentos allí donde los gobiernos no los envían. Sin embargo, esto nos obliga a pensar en una rara especie de patria que no se apoya en instituciones ni en gobiernos. Una comunidad sostenida, o casi, en los buenos sentimientos solidarios, no en el ejercicio universal de los derechos.
Cuando las provincias que todavía no eran una republica firmaron el acta de la independencia en Tucumán en 1816, lo hicieron porque la idea de patria (un símbolo) debía soldarse a la idea de Estado, derechos, instituciones, gobierno. Han pasado casi doscientos años y (mientras en el Palacio Municipal hay un letrero luminoso que anuncia en forma de cuenta regresiva, convocando a la expectación y sumando una cuota de propaganda oficial, cuanto falta para el bicentenario de la revolución de mayo), para millones, ha dejado de existir una patria, es decir un espacio común donde puedan ejercerse los mismos derechos y tener las mismas oportunidades. Los chicos que corren hacia la escuela en los montes tucumanos son menos argentinos que otros chicos que, ese mismo día, asisten a sus fiestitas del 9 de julio en otros lugares del país. Y el país y la patria no están solo en las tradiciones y las costumbres de saber como se vestían esos señores en la época colonial, ni en la obligación moral de saber que esa patria existe y llega hasta tantos lados y supuestamente a uno lo abarca.
Sin igualdad de oportunidades no hay patria. Es así inútil la idea de pertenencia a un espacio. La idea del patriotismo esta envenenada por la desigualdad. La patria es una promesa tanto como un común compromiso. Nada puede atar a un ser humano al lugar donde su vida no vale tanto como la vida de otros.
En realidad, “disfraz” es la palabra adecuada: ese día los chicos de la escuela de los Yungas hicieron lo que otros, pero su pasado y su presente se revela debajo de los disfraces como una carga que los vuelve, probablemente para siempre, desiguales. Para estos chicos, patria quiere decir lejanía.
¿Y para los otros chicos, es decir, casi nosotros mismos? Que tenemos el azaroso buen pasar de recibir mejor educación, de vivir en mejores condiciones, de poder pensar y movilizar. ¿Que es/hacemos patria para nosotros?
sábado, 23 de junio de 2007
Apasibles pinos entre crudas montañas de piedra verde y naranja
En el fondo de mi corazon yo estaba solitario. No me podia soportar a mi mismo, y estaba solitario. No podia soportar lo que hacia. Lo que hacia se me antojaba demasiado poco, y no me parecia merecer mi estimacion. Un espacio nuevo en declive requiere nuevos hombre ascendentes. Yo no era uno de ellos. Yo no trabajaba bastante, no producia bastante y, ademas, era un literato, lo que equivale a decir , una madeja de hilo tan delgada que es practicamente inutil. Claro que los demas, los utiles visibles, tambien son inutiles; inutiles las largas cadenas de soñolientos profesionales, de hombres en funcion de exteriores funciones, inutiles las vegetantes mayorias. Yo me sentia lejos de toda fertilidad posible, sin siquiera lazos humanos bastante fuertes, resistentes a las contingencias, los desalientos y los fracasos. En el fondo de mi corazon, yo estaba solo.
Algunos dias, ante el papel, trabajaba sin descanso, desde la medianoche hasta el amanecer.¡Me sentia tan exaltado y tan necesitado de comunicar esa exaltacion; me sentia tan lleno de dudas y con tanta necesidad de comunicar esas dudas; me sentia tan habitado de esperanzas y con tanta necesidad de comunicar esas esperanzas! Trabajaba. Al cabo del dia releia las paginas escritas y me parecian nulas. Estaba seguro de que iban a atraer " aplausos" sobre su espontaneo vigoroso ritmo ( eso si, si llegaban a ser vista o llegaban a tocar la luz que es tocada por los cajones)--¿pero es que suplian esos aplausos la vocacion esencial de comunicar a los otros el grano util, la nutritiva porcion? ¿ Hasta que punto no era todo eso mas que la liberacion mas o menos pura de un exceso personal de inquietud? Por instantes, en esos lapsos de duda, lo que me traia mas aliento era pensar que segun la famosa progresion platonica, la cura del alma, y por consiguiente su comun eficacia, se estrucutura en un escalonamiento gradual que va desde lo mas bajo hasta lo mas alto, desde el amor a las cosas mas bellas hasta el mas alto amor inteligible.Pero a los quince años las compesaciones metafisicas no son una compesacion famosa. Las compesaciones verdaderas nos vienen directamente del resultado de la accion, directamente desde la raiz de la experiencia. Por otra parte como podia actuar sino mediante una accion especificamente intelectual, dado que no solo me daba nauseas la politica actual y modernosa, sino que los cuadros, los partidos estaban podridos hasta la medula y de su primitivo dogma solo ofrecian una cantante nulidad.
La mayoria de la gente me interesa poca cosa, o nada. La masa de facciones y almas en serie provocaban en mi una grande penumbra, una sed de dejarlos pronto e ir en busca de las indoles lucidas, en busca de la gente viva, de los que ascienden por dentro con el solo goce y la sola fuerza de su propia infatigable a la disolucion y los externos obstaculos. En torno a mi todo era familiar y un poco lento. La urgencia de respirar aire nuevo me llevaba a veces a paseos largos por el recinto de mi soledad. Alli no habia de consolador mas que las aspiraciones, pero un bosque poblado de apasibles pinos es un buen lugar para descanzar de las palabras.
Escribí un largo relato que al terminarlo quemé inmediatamente. Era la historia de una pareja que vivia en el polar aislamiento de un valle de altura y a la que al cabo de algunos años la soledad acababa por enmohecer y dividir. El lento proceso del odio, el nacimiento del hongo arido me produjo, al describirlo, una gran desesperacion, una fuerte y triste amargura. Como nunca, reclamaba mi entraña el calor del afecto.
Algunos dias, ante el papel, trabajaba sin descanso, desde la medianoche hasta el amanecer.¡Me sentia tan exaltado y tan necesitado de comunicar esa exaltacion; me sentia tan lleno de dudas y con tanta necesidad de comunicar esas dudas; me sentia tan habitado de esperanzas y con tanta necesidad de comunicar esas esperanzas! Trabajaba. Al cabo del dia releia las paginas escritas y me parecian nulas. Estaba seguro de que iban a atraer " aplausos" sobre su espontaneo vigoroso ritmo ( eso si, si llegaban a ser vista o llegaban a tocar la luz que es tocada por los cajones)--¿pero es que suplian esos aplausos la vocacion esencial de comunicar a los otros el grano util, la nutritiva porcion? ¿ Hasta que punto no era todo eso mas que la liberacion mas o menos pura de un exceso personal de inquietud? Por instantes, en esos lapsos de duda, lo que me traia mas aliento era pensar que segun la famosa progresion platonica, la cura del alma, y por consiguiente su comun eficacia, se estrucutura en un escalonamiento gradual que va desde lo mas bajo hasta lo mas alto, desde el amor a las cosas mas bellas hasta el mas alto amor inteligible.Pero a los quince años las compesaciones metafisicas no son una compesacion famosa. Las compesaciones verdaderas nos vienen directamente del resultado de la accion, directamente desde la raiz de la experiencia. Por otra parte como podia actuar sino mediante una accion especificamente intelectual, dado que no solo me daba nauseas la politica actual y modernosa, sino que los cuadros, los partidos estaban podridos hasta la medula y de su primitivo dogma solo ofrecian una cantante nulidad.
La mayoria de la gente me interesa poca cosa, o nada. La masa de facciones y almas en serie provocaban en mi una grande penumbra, una sed de dejarlos pronto e ir en busca de las indoles lucidas, en busca de la gente viva, de los que ascienden por dentro con el solo goce y la sola fuerza de su propia infatigable a la disolucion y los externos obstaculos. En torno a mi todo era familiar y un poco lento. La urgencia de respirar aire nuevo me llevaba a veces a paseos largos por el recinto de mi soledad. Alli no habia de consolador mas que las aspiraciones, pero un bosque poblado de apasibles pinos es un buen lugar para descanzar de las palabras.
Escribí un largo relato que al terminarlo quemé inmediatamente. Era la historia de una pareja que vivia en el polar aislamiento de un valle de altura y a la que al cabo de algunos años la soledad acababa por enmohecer y dividir. El lento proceso del odio, el nacimiento del hongo arido me produjo, al describirlo, una gran desesperacion, una fuerte y triste amargura. Como nunca, reclamaba mi entraña el calor del afecto.
domingo, 6 de mayo de 2007
A terminar de pasar
La felicidad borrada, los animos borrados, todo yo, borrado. Entre las calles, mas bien por la vereda, circula un trozo de carne torpe y endurecido, sin gracia, sin hormigas, por la vereda, mas bien debajo de los autos, por las calles. Habia llovido y en esas calles del centro de la ciudad se olia aún.se veia, hasta se creia estar algo muerto, por lo que habiamos estado supuestamente , vivos.
jueves, 3 de mayo de 2007
Preambulo para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan - no lo saben, lo terrible es que no lo saben- te regalan un pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a compara tu reloj con los demas relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te afrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar.
Julio Cortázar.
sábado, 28 de abril de 2007
Las nuevas formas de control
Se puede distinguir entre necesidades verdaderas y falsas. "Falsas" son aquellas que intereses sociales particulares imponen al individuo para su represión: las necesidades que perpetuan el esfuerzo, la agresividad, la miseria y la injusticia. Su satisfaccion puede ser de lo mas grata para el individuo, pero este contentamiento no es una condicion que deba ser mantenida y protegida si sirve para impedir el desarrollo de la capacidad( la suya propia y la de otros) de reconocer la enfermedad del todo y de aprovechar las posibilidades de curarla. El resultado es, en este caso, la euforia dentro de la infelicidad. La mayor parte de las necesidades predominantes de descansar, divertirse, comportarse y consumir de acuerdo con los anuncios, de amar y odiar lo que otros odian y aman, pertenece a esta categoria de falsas necesidades.
Estas necesidades tienen un contenido y una funcion social, determinados por poderes externos sobre los que el individuo no tiene ningun control: el desarrollo y la satisfaccion de estas necesidades es heterónomo. No importa hasta que punto se hallan convertido en algo propio del individuo, reproducidas y fortificadas por las condiciones de su existencia; no importa que se identifique con ellas y se encuentre a si mismo en su satisfaccion. Siguen siendo lo que fueron desde el principio; productos de una sociedad cuyos intereses dominantes requieren la represión.
El predominio de las necesidades represivas es un hecho cumplido, aceptado por ignorancia y por derrotismo, pero es un hecho que debe ser eliminado tanto en interes del individuo feliz, como de todos aquellos cuya miseria es el producto de su satisfaccion.
Estas necesidades tienen un contenido y una funcion social, determinados por poderes externos sobre los que el individuo no tiene ningun control: el desarrollo y la satisfaccion de estas necesidades es heterónomo. No importa hasta que punto se hallan convertido en algo propio del individuo, reproducidas y fortificadas por las condiciones de su existencia; no importa que se identifique con ellas y se encuentre a si mismo en su satisfaccion. Siguen siendo lo que fueron desde el principio; productos de una sociedad cuyos intereses dominantes requieren la represión.
El predominio de las necesidades represivas es un hecho cumplido, aceptado por ignorancia y por derrotismo, pero es un hecho que debe ser eliminado tanto en interes del individuo feliz, como de todos aquellos cuya miseria es el producto de su satisfaccion.
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